DEPORTES

«Prefiero un equipo en la B y no un equipo liquidado»

El presidente del Atlético Huila, Juan Carlos Patarroyo, explicó por primera vez  las razones que pudieron incidir en el descenso, las dificultades técnicas y financieras del equipo y en cierto grado, la ingratitud.   
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«Prefiero un equipo en la B y no un equipo liquidado»

RICARDO AREIZA

unidadinvestigativa@lanación.com.co

 

Un solo gol de John Stiwar García anotado en el minuto 77 bastó para que el Atlético Huila cayera ante Jaguares en el estadio Jaraguay de Montería. Ese martes 29 de octubre, el conjunto opita, con 131 puntos en el último lugar,  selló su paso al infierno del descenso.

Desde entonces, solo se escuchaban las voces de los hinchas compungidos. Entre los directivos y accionistas imperaba el  hermetismo. Hoy, tres semanas después, Juan Carlos Patarroyo, el adalid solitario de esa gesta, rompe su silencio. Por primera vez, analiza las circunstancias que originaron el desplome, pero también, las posibilidades para su resurrección.

 

Gracias por atendernos

Quiero en primera instancia agradecer a usted Ricardo, por la oportunidad que se me brinda, mediante esta entrevista, de aclarar seguramente muchas dudas que tienen los aficionados, los medios de comunicación, los accionistas del club Atlético Huila y la ciudadanía en general.

¿Por qué se produjo el descenso?

Pudiéramos decir, que son varios los aspectos que incidieron en llegar al descenso del equipo profesional masculino, entre los cuales puedo destacar; la difícil situación financiera en que recibí el club cuando asumí la presidencia, ya que para la época del 31 de diciembre de 2012, entre las pérdidas del año y las de los ejercicios anteriores, estas totalizaban cerca de 10.000 millones de pesos, cifra nada despreciable acumulada especialmente de años anteriores, por falta de recursos de la institución.

Sin embargo, es bueno manifestar que me di a la tarea de recuperar financieramente la institución y evitar hasta la fecha la disolución de la sociedad conforme lo establece el Código de Comercio.

El anhelado proyecto de remodelación del estadio Guillermo Plazas Alcid a partir del año 2014, si bien es cierto nos permitiría contar con un escenario deportivo más adecuado para la competencia, nos trajo, sin habérnoslo propuesto, una serie de dificultades, deportivas y económicas, ya que en ese año al no ser aprobado el estadio como la sede natural del equipo para sus juegos de local, nos vimos obligados a desplazarnos por diferentes plazas, como Girardot, Armenia, Ibagué y Bogotá, hecho que generó un esfuerzo económico alrededor de unos 2.000 millones de pesos anuales. Esto motivó que la afición con que contábamos entre 3.000 y 4.000 personas por partido como mínimo, se dispersara, para finalmente terminar en el presente año con una afición que nunca superó los 800 aficionados en promedio; es decir, el jugador número 12 para el Atlético Huila, lamentablemente desapareció, algo que por supuesto, incide en el acompañamiento y en el rendimiento de cualquier equipo profesional de futbol.

Inestabilidad

Es importante reconocer, que la inestabilidad deportiva, también juega un papel importante, como quiera que los equipos pequeños del fútbol profesional colombiano, en la mayoría de las oportunidades que logran obtener unos buenos resultados deportivos, ingresando a los cuadrangulares, son prácticamente desvertebrados, por los equipos que económicamente son solventes, pues con su poder económico adquieren los jugadores destacados al precio que sea.

Igualmente, no puedo desconocer que todas las contrataciones que se hicieron en el transcurso de estos años no hayan incidido en el rendimiento deportivo, pues como lo he dicho en diferentes oportunidades, siempre que se arma un equipo se hace con el convencimiento de ser protagonistas dentro del fútbol profesional colombiano, lo que no todas las veces se logra, pues existen diferentes circunstancias que afectan en su momento el resultado deportivo, conllevando a la toma de decisiones restructurando los equipos.

Incide no solamente el rendimiento de los jugadores, también la contratación, la experiencia, el profesionalismo, la honestidad y por supuesto la sabiduría del cuerpo técnico, pues este es el primer filtro, en el proceso de contratación de jugadores, y casi que me atrevo a manifestar, que fueron muy pocos los jugadores contratados en estos años, que no contaron con el visto bueno del cuerpo técnico. Por supuesto  que siempre la afición piensa que el responsable es en todo momento el directivo y no los jugadores y el cuerpo técnico. Ante estas dificultades, necesariamente se toman medidas que no lo puedo negar también contribuyen a la inestabilidad deportiva.

– ¿Quién debe responder por el descenso?

Es fácil, desde afuera buscar los responsables, sin conocimiento de causa y mucho más siendo profeta del pasado, luego no soy de las personas que, sin argumentos, genero responsabilidades, respecto a los resultados obtenidos.

Vale la pena aclarar primero, que el régimen societario del Club Deportivo Atlético Huila S.A., es de derecho privado, de las sociedades anónimas y cuyo representante legal, es el presidente de la Junta Directiva, a donde llegué, sin proponérmelo a ser el mayor accionistas, por la dificultades financieras que atravesaba el club al momento de tomar las riendas del mismo y tener que aun poniendo en riesgo, mi patrimonio y el de mi familia, facilitar los recursos para el adecuado funcionamiento de la institución, los cuales me fueron pagados mediante acciones, porque nunca se contó con los recursos para cancelar los préstamos que había hecho.
En consecuencia, podría pensarse que soy uno de los responsables, como quiera que, de acuerdo con los estatutos de la sociedad tomo las decisiones que me corresponden, aclarando si, que siempre las he tomado en beneficio de la institución y no buscando un desequilibrio entre lo financiero y lo deportivo, pues como ya lo dije antes, estamos inmersos en una causal de liquidación de la sociedad, a la cual le venimos haciendo frente, para salvarla.

Como lo dije anteriormente, el cuerpo técnico y el grupo de jugadores se contrata con la expectativa siempre de lograr el éxito. Sin embargo, no puedo, con el respeto que me merecen, dejar de manifestar que quienes toman las decisiones, en el entrenamiento deportivo, en el campo de juego, en las concentraciones y en la competencia, son los técnicos y por supuesto, los jugadores que algunas veces, no acatan las decisiones técnicas; sin dejar de desconocer que los procesos de contratación de los jugadores siempre son propuestos por el cuerpo técnico.

-¿El descenso era una crónica  de una caída anunciada?

El Atlético Huila, si se revisa su historia, seguramente nos permitirá afirmar que casi siempre en su operación administrativa y deportiva, ha tenido inconvenientes financieros, que ha hecho que algunos de mis antecesores en la presidencia de esta institución, hubieran dedicado su esfuerzo y su sabiduría a mantener la organización mediante cuidados paliativos, sin profundizar muchas veces en la sostenibilidad del club hacia el futuro. Yo si considero que el descenso del Atlético Huila era un hecho casi que anunciado, pues como se dijo anteriormente, cuando recibí la presidencia de la institución, lo hice por prestarle en su momento un servicio a nuestra sociedad, sin medir las consecuencias de su crítica situación financiera a finales del año 2012, pues siempre pensé, que podríamos salvar la categoría de tales dificultades, lo cual solo se podría lograr buscando el equilibrio financiero y deportivo, para cerrar la brecha entre los ingresos y costos de operación de la institución y poder cumplir con el plan de enervamiento de pérdidas.

 

¿Le faltó talla para defender la categoría?

No creo que haya faltado talla, lo que faltó fue plata, para conformar unos mejores equipos; apoyo de las autoridades estatales, de la empresa privada, de algunos medios de comunicación, que en muchas de sus intervenciones destruyen, de una parte de la afición que cree que con amenazas inclusive de muerte a directivos, administrativos y jugadores, se podría mantener la categoría, de una buena asistencia al estadio, que generará un mejor recaudo de taquillas, pues este año en los 20 partidos recaudamos solo 198 millones de pesos, cifra que en otros equipos se genera en un solo partido en la categoría B.

Faltó también apoyo de la empresa privada en hacerse accionista del club, cuando en diferentes ocasiones se han colocado acciones en venta, pues quienes más critican, no compran una boleta para asistir al estadio, ni mucho menos una acción. En fin, hay una serie de circunstancias que influyeron en la desestabilización de la organización en lo deportivo.

-Usted llegó a plantear que estar en la B era más beneficioso para el equipo. ¿Esa tesis se mantiene?

No recuerdo haber afirmado esto, pero es importante aprovechar la ocasión para manifestar que nunca ha estado dentro de mi pensamiento y actuar, llevar el equipo a la B, pues no se necesitan muchos esfuerzos financieros e intelectuales para establecer la desvalorización que sufre una organización deportiva como esta, máxime si soy como persona natural el socio mayoritario, inversión que como lo dije antes se encuentra en riesgo, por todas las dificultades que implica el descenso a la categoría B.

Yo lo que he manifestado es que prefiero un equipo en la B que un equipo liquidado por la Supersociedades, Coldeportes, la Dian o los acreedores, esa es y seguirá siendo mi visión.

He luchado siete años por no dejar que esto pase, pues ninguna de estas entidades pregunta si usted está en la A o de la B; si va de primero o de último. Cuando asumí la presidencia en el 2013, ya el equipo debía dos meses de nómina, causal esta para que Coldeportes nos quitara el reconocimiento deportivo. Ni que decir de las pérdidas acumuladas al 31 de diciembre de 2012, las que sumadas a las pérdidas de ejercicios anteriores eran causal de liquidación de la sociedad por parte de la Supersociedades. Las demandas laborales que recibimos y tuvimos que atender con los abogados fueron muchas y  cuantiosas y por supuesto súmele que en el año 2013 entramos a la administración del Club peleando el descenso, pues esa fue la empresa que recibí hace siete años.

Seguimos vivos

A partir del año 2015 fue necesario salir de Neiva a jugar a otras ciudades que ya mencioné, por el problema de la remodelación del estadio. Para esa fecha la institución ya estaba nivelada en sus ingresos y gastos. Se preveía que estábamos alcanzando el equilibrio financiero y deportivo. Habíamos alcanzado el puesto 10 entre los 20 equipos en la tabla del descenso, pero esta decisión nos generó pérdidas de cerca de dos mil millones de pesos al año.

En los tres años intermitentes que estuvimos actuando por fuera de Neiva caímos nuevamente en puestos para pelear el descenso. A quien le puede caber en la cabeza, que un equipo profesional que juegue ininterrumpidamente tres años todos sus partidos como visitante, pueda estar vivo deportiva y económicamente.

Pese a todo seguimos vivos, con equipo en el fútbol profesional colombiano, licenciado por la Dimayor y Conmebol, hoy en día a punto de liberarnos de la causal de liquidación de la empresa por el manejo financiero dado a la institución, felicitado por Coldeportes, al día con los pagos de la DIAN, liberados de tantas demandas, pues ya son pocas las que quedan gracias a la política impuesta respecto a las contrataciones.

Siete años en los que hemos pagado los salarios puntualmente, si ustedes preguntan antes de mi llegada se pagaba hasta con seis meses de atraso, jugadores hechos en el Atlético en selecciones Colombia sub20, sub23 y de mayores, con jugadores que hoy actúan en Europa y en los equipos grandes de Colombia.

Siete años después un equipo profesional viable económica y deportivamente y sus mayores accionistas Juan Carlos Patarroyo y Felio García, liquidados económicamente, reportados hasta por el banco de sangre, antes buscados por los gerentes de los bancos para vincularnos y hoy ni el saludo nos dan.

Todas las acciones que hoy en día pertenecen a estas personas, fueron adquiridas mediante la modalidad de cruce de cuentas, es decir, por préstamos que en siete años le hemos hecho a la empresa y como nunca ha sido posible la devolución del dinero, nos han pagado con acciones.  ¿Si hoy pudiera devolver el tiempo que creen ustedes que haría?

En conclusión, yo soy el culpable del descenso a la B, yo soy el responsable de tener un equipo vivo en la B, yo quiero ser el culpable de volver a estar en la A.

 

Mañana: La resurrección, los cambios y otros demonios

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