Análisis

Venezuela en el laberinto

Un politólogo experto en temas internacionales hace un análisis de la compleja situación actual que enfrenta el vecino país. La pugna por el poder en medio de la crisis humanitaria.
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Venezuela en el laberinto

La situación venezolana atrae hoy la atención del mundo. La autodesignación de Juan Guaidó, cabeza de la Asamblea Legislativa como Presidente interino de Venezuela y el reconocimiento inmediato por parte de países como Estados Unidos, Canadá, Perú, Argentina, Chile y poco después (tras un ultimátum de una semana) de España, Francia y Reino Unido, y la suma progresiva de otros Estados en los días siguientes, se convirtieron en la mayor amenaza que ostentara el chavismo desde el golpe de Estado del año 2002.

Venezuela parece avocarse a una peligrosa disyuntiva que el clima internacional ha atizado: la permanencia de Nicolás Maduro en el poder con el respaldo externo de China, Rusia, Bolivia o Nicaragua, e interno de las fuerzas armadas, buena parte del aparato del Estado y un importante fracción del pueblo venezolano versus la asunción del gobierno interino en cabeza de Guaidó apoyado por la oposición (al parecer unida), los países ya mencionados, un puñado de diplomáticos y ex funcionarios del chavismo que han desertado de sus filas y esa otra porción del país que aborrece a Maduro y que solo espera su caída. Sin embargo, la disyuntiva por momentos parece incluso tolerar cualquier método y no son pocos, quienes ven en la intervención militar extranjera una salida que deponga al régimen, calificado, por muchos, como una dictadura.

Ante este escenario, es necesario preguntarse lo que vendría luego de la intervención, teniendo en cuenta que todas las instituciones venezolanas son afines al oficialismo (salvo la Asamblea Legislativa) y que la caída de Maduro no garantiza per se la salida de la crisis. Ciertamente, la experiencia nos demuestra fácilmente que una intervención militar estadounidense o de cualquier potencia sería un error en cualquier sentido, no solo violaría cualquier principio de Derecho Internacional (teniendo en cuenta que es el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el único autorizado para legitimar el uso de la fuerza en materia internacional), sino porque la experiencia contemporánea de las intervenciones militares no ha tenido éxito alguno: Iraq, Afganistán, Haití, Siria o Libia hablan por sí solos.

Sin embargo, la restricción también aplica para la injerencia rusa (que se asevera envío 450 hombres a Caracas) o a cualquier país que respalde a Maduro Moros. Quienes añoran una Guerra Fría 2.0 deberían recordar que la tercerización del conflicto en otras regiones fue la que provocó buena parte de la inestabilidad latinoamericana del Siglo XX.

 

Dos caras

Maduro carece hoy de la legitimidad interna y externa que le permita conducir a Venezuela a una salida a la grave crisis económica; el chavismo necesita oxigenarse y ratificar en las urnas que las ideas socialistas no fracasaron y que el mismo pueblo venezolano quien en elecciones libres decida la continuidad o la interrupción del modelo. Y sobre todo, las autoridades democráticamente electas necesitan salidas que superen no solamente el denunciado cerco impuesto por el chavismo que impide la llegada de alimentos y medicinas, sino el carácter dependiente de los commodities (específicamente del petróleo) que llevó a Venezuela de los días pródigos al caos de la migración masiva, como una metáfora inversa del recorrido de Dante por el paraíso, el purgatorio y el infierno.

Sin embargo, Guaidó tampoco puede encarnar un papel más allá de una transición, su llegada al poder (por lo menos formal y no material, evidentemente) no puede pasar de convocar unas elecciones transparentes y con garantías para los partidos y los candidatos. Sin ninguna duda, la salida debe ser el diálogo, un diálogo que evidentemente conlleve una serie de condiciones y garantías pero que tenga por eje la salida a la grave crisis humanitaria que vive el pueblo venezolano y que empieza a impactar en sus vecinos, y en general, en la geopolítica global.

Difícil papel nos toca a Colombia en este infortunado escenario, su actuación debe estar motivada por un altruismo y una solidaridad que supere la alianza estratégica con socios externos (como Estados unidos) y que esté sustentada en la solidaridad internacional y no en el interés de terceros o en ideologías que desde tiempos inmemoriales han dividido la región.

Por: Luis Fernando Pacheco Gutiérrez
Docente e investigador. Jefe de la Oficina de Paz y DDH del Municipio de Neiva.

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