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Los suicidas no se van para el infierno… vienen de allá

Los suicidas no se van para el infierno… vienen de allá
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Los suicidas no se van para el infierno… vienen de allá
Jose Joaquin Cuervo Polanía

Por: José Joaquín Cuervo

La discusión  teológica sobre la suerte final de los suicidas se enmarca en la posible condena o salvación. Se pregunta si el suicida ha consentido perfectamente el acto; es decir si su acto es sustancialmente humano. Al suicidio lo  consideraron lícito algunos filósofos.  El existencialismo lo realza, como “la última libertad de la vida” (Jaspers). Algunos lo han defendido por cuestiones de honor patriótico, militar o personal.

Tratemos de ponernos  siquiera por un momento en los zapatos de  Paola Moreno Cruz; la suicida del viaducto de Ibagué. ¿Su suicidio fue plenamente voluntario?  ¿Podría  presumirse que  la suicida no ha  gozado de suficiente responsabilidad moral?

Con Emilio Durkheim  hace muchos años,  aprendimos que el suicidio no se explica  sólo como  un hecho individual o como fruto de padecer una enfermedad mental, es también un hecho social y su fenómeno se hace más recurrente cuando faltan puntos de apoyos; motivos que nos permitan seguir viviendo.

Una sociedad como la nuestra que va saliendo del ámbito rural, doméstico y familiar, que valora cada vez menos los valores autóctonos, más proclive al consumo y a la superficialidad, pontificadora del mercado, menos participativa y crítica, producirá más suicidas.

Pero ¿Que está haciendo el Estado Colombiano, el Ministerio de salud, las Secretarias departamentales y municipales de salud  para prevenir el suicidio? Las condiciones están creadas para que se piense seriamente en el suicidio como opción: Familias divididas, desempleo,  falta de alternativas educativas para el mejoramiento y el ascenso social, falta de capacidad de afrontamiento de los problemas, crisis económicas profundas cuya alternativa son los créditos bancarios o los gota a gota; bullying  en la escuela y en el trabajo, negación  de la participación real y sobre todo falta de solidaridad: ¿Y las políticas de salud mental?  ¿Las líneas vida de atención psicosocial  permanentes son un referente real para los potenciales suicidas?  Señores gobernadores, señores alcaldes, el suicidio también es un problema de salud que implora su acción y su gestión.

El caso de Ibagué es un caso complejo: no solo se trata de una suicida sino también de una homicida que ya no vio más luz al final del túnel,  una mujer a la que le tocó vivir en un país insolidario e individualista. ¿Dónde estuvo su red de apoyo, fuente de resiliencia?

Antes que juzgar y condenar, reflexionemos  corresponsablemente  sobre  cómo está la salud mental nuestra y la de quienes nos rodean.  Paola  era alguien que vivía en un país en el que somos 46 millones de soledades juntas, todo eso era  ya  un verdadero infierno.

 

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