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Histórico referéndum

Como se esperaba, Cuba dijo ‘Sí’ a su nueva Constitución. Pero la opción por el ‘No’ hizo historia.
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Histórico referéndum

El nuevo proyecto de Carta Magna promovido por el gobierno de Miguel Díaz-Canel fue aprobado con el 86,8% de los votos, mientras el 9% votó para rechazarlo y el 4,1% restante correspondió a votos en blanco o nulos, según informó la Comisión Electoral Nacional.

Esta suma de un 13,1% que no refrendó la opción del gobierno de forma activa en las urnas supone una cifra nunca antes registrada en elecciones en la Cuba comunista.

Del total del padrón, es decir nueve millones de votos, el 84,4%, ejerció el derecho al voto, mientras el resto no acudió a las mesas electorales. Votaron por el ‘Sí’ un total de seis millones de cubanos, lo que representa el 73.31 % de los electores.

Esto indica que, en total, cerca de 2,5 millones de electores no apoyaron de una forma u otra el proyecto, ya sea no yendo a votar, votando en contra, anulando su boleta o dejándola en blanco.

Las campañas

El Gobierno y sus partidarios, desplegaron una omnipresente campaña por el ‘Sí’ en los medios, las calles y diferentes espacios. La nueva Constitución sustituye a la de 1976. A diferencia de la casi unanimidad alcanzada aquel año, cuando un 97% apoyó la Carta, los expertos esperaban en esta ocasión resultados más moderados.

La nueva ley fundamental debe ser ahora proclamada por la Asamblea Nacional (Parlamento), en una sesión que probablemente se celebre en abril. Posteriormente, tiene que ser publicada en la Gaceta Oficial para que entre en vigor.

La opción por el ‘No’ no tuvo posibilidad de campaña y algunas personas que lo promovían fueron encarceladas o reprimidas. En Cuba, no hay observadores independientes de las elecciones, aunque los ciudadanos pueden ser testigos del conteo de votos.

Además, las elecciones de cualquier tipo suelen tener niveles muy bajos de abstencionismo y generalmente las voces en contra de las propuestas del gobierno no superan el 1%, de ahí que sectores de la oposición califiquen de histórica la opción del ‘No’ en estas votaciones.

Al final, alrededor del 9% optó por votar abiertamente ‘No’, mientras que otro 4% dejó su boleta de votación en blanco o las anuló.

Eso deja un enorme 86,8% de los votos a favor de la nueva Constitución, que significará un puñado de cambios políticos que incluyen la creación del cargo de primer ministro y la introducción de un límite de dos mandatos de cinco años para el ejercicio del cargo de presidente.

Aun así, la mayoría de los activistas del ‘No’ se sentirán desanimados. Muchos habían argumentado que todo el proceso era un plan del Estado para aumentar su control, disfrazándolo con solo unas pocas medidas de liberalización.

La nueva Constitución

Más de 9 millones de cubanos fueron llamados a votar por el nuevo texto que fue discutido por más de un año y que generó amplias expectativas y un acalorado debate en algunos sectores de la sociedad civil.

Con su aprobación, la isla reconoce legalmente por primera vez en casi cinco décadas, la propiedad privada, el mercado y la inversión extranjera, reintroduce la figura del primer ministro y, tras 59 años en los que el poder se centró entre Fidel y Raúl Castro, limita a dos periodos los mandatos de sus presidentes.

Así, de acuerdo con expertos, su mayor mérito es poner en forma de ley una serie de reformas que inició hace más de una década el expresidente Raúl Castro tras la enfermedad de su hermano Fidel.

Entre otros de sus aportes, se encuentra un mayor reconocimiento de derechos fundamentales, incluidos algunos muy novedosos en el contexto cubano, como el derecho a la información y el acceso a datos personales, el debido proceso, la tutela judicial efectiva y varias tipologías de familias.

Sin embargo, otros temas que generaron expectativas son el matrimonio igualitario o la elección presidencial directa quedaron fuera de la agenda.

La nueva Carta Magna tampoco modifica el sistema político de la isla y declara al Partido Comunista «único, martiano, fidelista, marxista y leninista», como «la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado».

No reconoce tampoco la libertad de asociación ni de ideología y no se reconocen los derechos comunicativos, la protección animal, ni la existencia de la sociedad civil.

De ahí que el proyecto que se votó fuera considerado por algunos críticos como una variación limitada del texto de 1976. Desde el momento en que el gobierno cubano propuso una nueva Constitución para la era post-Castro, siempre pareció probable que sería aprobada de manera contundente.

Una combinación del control total del Estado sobre los medios de comunicación y los espacios públicos para hacer campañas, así como décadas de intimidación a quienes se atreven a desobedecer la voluntad del gobierno, implicó que la campaña por el ‘No’ siempre tuvo dificultades para convencer a las personas de rebelarse.

Ciertamente, el Partido Comunista de Cuba seguirá siendo el único organismo real de toma de decisiones en la isla, con control sobre los temas de impuestos, importaciones, inversiones y acumulación de riqueza.

A eso, se añade el hecho de que la nueva Constitución no hace mención al voto directo para elegir al presidente y que muchos cubanos comunes sienten que su liderazgo está más desconectado de ellos que nunca.

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