COLUMNISTAS

El Tunar del San Juan

El Tunar del San Juan
1/1
El Tunar del San Juan

Albeiro Castro Yépez

De la mano del colonizador español llegaron a la Hacienda Ganadera las costumbres del festejo en honor a San Juan, una mezcla de rituales religiosos con actividades que hoy coloquialmente llamamos folclor, algunas de ellas subsisten, otras han desaparecido por la normatividad o por la visión contemporánea de la calidad de vida de los animales. El apronte era todo un acontecimiento para los compadres, las mujeres se aprovisionaban de los insumos necesarios para la elaboración de las viandas, entre ellas, las más apetecidas eran además del asado, los bizcochuelos, pan de esponja, bizcochos, arepas y los famosos insulsos, sin olvidar la mistela y el sabajón; los hombres por su parte alistaban el resacado, el maíz para la chicha y las herramientas para el sacrifico del cerdo, la noche del 22 de junio la actividad familiar se concentraba en la cocina y el horno de leña, el descanso aparecía una vez todos los alimentos estaban a punto para el consumo, de esta manera terminaba el apronte y fluía el tunar.

El tunar se caracterizó como un evento social, los compadres, amigos y familiares se visitaban unos a otros, llevando siempre como presente una generosa provisión de viandas elaboradas en casa, sin dejar de hacer presencia los tiples y guitarras con los que se animaba la visita que generalmente al calor de los guarilacos prendían el baile que ligaba con la alborada. Esta hermosa costumbre poco a poco se ha marchitado, sin desconocer que aun en el ambiente veredal se percibe, así como, al interior de familias que se resisten a las costumbres contemporáneas. La solemnidad de San Juan se cumplía con la misa mayor que generalmente ocurría a las nueve de la mañana, previa la participación de la comunidad en la procesión, finalizada la eucaristía el festejo iniciaba con el bazar, una actividad pensada para reponer energía y darle rienda suelta a la diversión, arrancaban las cabalgatas  que al furor de los tragos ganaba emoción con la despescuezadura de gallos, una actividad divertida que en ocasiones dejaba huellas imborrables como brazos y piernas chonetas, nada grave que el sobandero de la región no pudiese arreglar; y en la tarde la emoción plena llegaba acompañada del toreo, todo un espectáculo histriónico para los espectadores, los borrachitos unos con estilo, otros solo con ganas se enfrentaban a la lidia, los afortunados todos salían ilesos, mientras que los desafortunados terminaban en el puesto de salud. Estas actividades en su gran mayoría se han marchitado, pero, su memoria documental permite recrearlas como piezas teatrales que bien se pueden convertir en insumo para el desarrollo de emprendimientos culturales en el marco de la economía naranja de la que tanto se habla y poco se conoce.

 

 

Comentarios

Comenta con tú facebook


Powered by
Arriba