INVESTIGACIÓN

El estilista al que mataron como un bandido

Un joven peluquero, dedicado además a vender productos naturistas, terminó abatido por un comando motorizado, como un supuesto asaltante. A pesar de una discapacidad en la mano derecha apareció empuñando una pistola que no servía, en un enfrentamiento armado que al parecer, nunca ocurrió.
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El estilista al que mataron como un bandido

RICARDO AREIZA

unidadinvestigativa@lanación.com.co

Horas antes de su muerte fatal, el estilista recibió una llamada telefónica. El desconocido interlocutor le puso una cita. Sin pensarlo dos veces salió de su vivienda en el barrio Juan Pablo II en Garzón y nunca regresó.

Al día siguiente, el cadáver de Wynther Jackson Trujillo  apareció con múltiples tiros de fusil vereda El  Barzal, en el kilómetro 12 de la vía que de Garzón-Gigante. El occiso, de 29 años, tenía una peluquería en la misma vivienda donde residía que alternaba con la venta de productos naturistas.

El sargento Evangelista Gómez, quien comandaba un escuadrón motorizado, informó que el occiso no atendió una orden de alto y se enfrentó a bala con los uniformados que conformaban la compañía Bayoneta 22 del batallón ‘Cacique Pigoanza’.

El cadáver presentaba cuatro impactos: dos en la región torácica y abdominal con trayectoria ínfero-superior y supero-inferior que le ocasionaron lesiones en el hígado, riñón izquierdo y hemorragia en pulmones; en el muslo y cara con destrucción de la mejilla derecha, fractura de hueso zigomático y frontal, laceración cerebral y exposición de masa encefálica.

El cuerpo sin vida fue localizado a unos 50 metros de la entrada de la finca “Belmira”. En su mano derecha se encontró el arma de fuego con la que atacó al escuadrón militar que realizaba un patrullaje en la zona, afectada por asaltantes.

Lo que no se percataron era que el occiso tenía una discapacidad en su brazo derecho que le impedía empuñar objetos. Pero además, la pistola Prieto Beretta que mantenía empuñada pese a la balacera, estaba trabada.

Estas fueron algunas de las irregularidades que las autoridades judiciales encontraron al estudiar las circunstancias en que se produjo el homicidio ocurrido el 6 de abril de 2007.

El señuelo

El estilista había llegado a Garzón, procedente de San Vicente del Caguan (Caquetá) su tierra natal. Sus familiares aseguraron que fue sacado de su vivienda y murió en total estado de indefensión, simulando un enfrentamiento que nunca ocurrió.  “No portaba armas. Además, sufría una discapacidad permanente en el brazo derecho como consecuencia de un accidente cuando era niño que le impedía accionar un arma de fuego”, argumentaron.

En su criterio, era otro caso de ‘falso positivo’, pero no con guerrilleros, sino con supuestos asaltantes. Tomas Bermeo Rojas, quien sostenía una relación sentimental, y convivía con la víctima, confirmó la llamada telefónica que recibió de un desconocido antes de aparecer muerto.

Asimismo dijo que un informante del Ejército Nacional conocido como alias ‘Paya’, por dinero, y bajo órdenes del respectivo batallón, procedía en varios municipios, entre ellos Garzón, Huila, a sacar personas de su residencia para llevarlas a lugares donde finalmente serian ejecutadas por los miembros de la fuerza pública. No dio más detalles. Otra mujer confirmó que ‘Paya’ era un informante.

El mismo personaje aparece en otros casos similares registrados en el Huila, supuestamente para cobrar “recompensas”. Lo mismo ocurría con el  sargento segundo William Andrés Capera Vargas, comandante Azteca 2, el ‘cerebro’ de los falsos positivos en el Huila.

Serias dudas

El operativo dejó “serias dudas sobre la existencia de un combate la noche de los hechos, y serios indicios, de que en el evento de haberse presentado la respuesta empleada por las fuerzas militares a tal agresión resultó desproporcional al ataque”, afirmó la magistrada Beatriz Teresa Galvis.

Sin embargo, nada probaba que fueran miembros de los organismos de seguridad los que hubieran efectuado las llamadas o lo hubieran trasladado al sitio donde apareció muerto simulando un enfrentamiento armado.

El Juzgado Segundo administrativo de descongestión de Neiva, desestimó la argumentación sobre un supuesto ‘falso positivo’ y rechazó las reclamaciones de los parientes de la víctima. El despacho judicial encontró que “la muerte de Wynther Jackon Trujillo Trujillo fue perpetrada por hombres del Ejercito Nacional que se vieron obligados a repeler la agresión iniciada por un grupo delincuencial, dentro del cual estaba la víctima”.

El operativo

Los hechos se enmarcaron  dentro del cumplimiento de la Misión Táctica “Luminoso”, con una orden de operaciones (‘Aniquilador’) impartida por sus superiores para erradicar grupos delincuenciales, lo que en principio desvirtúa la existencia de un “falso positivo”, aseguró la magistrada que conoció el caso.    “El operativo -dijo-se cumplió dentro de una actividad establecida en un reglamento expedido por el comandante del respectivo batallón”, afirmó el magistrado en segunda instancia.

“No obstante, dijo, hay suficientes elementos probatorios e indicios graves que le permiten inferir que la noche de los hechos los agentes del Estado incurrieron en exceso de fuerza ante la eventual agresión de la que indican fueron objeto”.

Según el examen judicial, “en el acta de inspección al cadáver el sujeto dado de baja empuñaba en su mano derecha una pistola marca Prieto Beretta que se halló trabada, con tres cartuchos en su interior y una vinilla calibre 7.65 de la misma arma debajo de una de las extremidades del cadáver”.

Poco creíble

Este aspecto resultó poco creíble para los jueces  teniendo en cuenta que el occiso previamente recibió heridas muy graves, al punto de presentar hemorragia en el pulmón y exhibición de masa encefálica. “No se entiende cómo luego de perpetrarse un enfrentamiento armado y de ser impactado con proyectiles de armas de largo alcance que le causaron tales lesiones aún se registre que el occiso empuñaba el arma de fuego”.

“No es factible que alguien que ha recibido heridas de tal magnitud y gravedad como las descritas en la necropsia (hígado macerado, herida riñón izquierdo, contusión, hemorragia en pulmón, fractura del hueso frontal, lacerado cerebral y exposición de masa encefálica) tenga la capacidad física de continuar empuñando un arma como se observa en las fotografías, incluso después de caer al suelo”.

Además, los múltiples impactos que recibió provenían de varias direcciones, cuando por lógica, según el mismo relato de los hechos, la dirección de los disparos hubiese provenido de una misma línea y ángulo.

“Las heridas presentadas por el occiso no corresponde a las que recibiría una persona mientras corre, las mismas provenían de dos ángulos diferentes”, acotó el informe forense.

“Adicionalmente, resultaba más extraño aún que la víctima haya enfrentado sola a un grupo de siete militares entrenados y con armas de largo alcance, empleando para el ataque una pistola que si bien resultaba idónea para ello, lo cierto es que se halló trabada, y que según el informe balístico presentó la misma falla al ser revisada por los expertos”.

Conclusiones

Según el examen judicial, la víctima se encontraba sola, en la noche, transitaba a pie, vistiendo ropa de civil y en chancletas. El arma incautada a la víctima el día de los hechos se hallaba trabada según el informe de balística realizado por expertos. Solo fue hallada en el lugar, debajo de la extremidad inferior del cadáver, una vainilla perteneciente a la pistola.

Nos se acreditó que la víctima disparó un arma de fuego contra los uniformados, a más de señalarse que era zurda y por lo tanto el arma no podía estar empuñada en la mano derecha afectada por una discapacidad.

La respuesta al ataque que pudo sufrir la tropa es desproporcionada y excesiva, en la medida que condujo a la negación de la vida de su contendor.

Con el fin de salvaguardar el orden constitucional, las fuerzas militares pueden hacer uso legítimo de las armas, tal uso no puede hacerse de manera indiscriminada sino buscando evitar la afectación de otros bienes jurídicamente protegidos.

Adicionalmente el empleo de las armas de fuego, debe sujetarse a los principios de necesidad, razonabilidad y proporcionalidad, pues su uso está reservado a aquellas situaciones que entrañen una amenaza seria contra la vida o la integridad física de alguna persona y en la medida estrictamente necesaria a la gravedad del riesgo o la amenaza que se pretende conjurar.

“En ningún momento la vida o la integridad personal de los  agentes del estado estuvo en peligro, pues no fue hallada ninguna vainilla de la pistola que portaba la víctima”, concluyó la magistrada Beatriz Teresa Galvis.

En estas condiciones, condenó, al Ministerio de Defensa a indemnizar a los familiares del estilista, muerto, al parecer, en otro ‘falso positivo’, montado para mostrar resultados contra bandas de asaltantes que operaban en Garzon

 

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