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¡No más pañitos de agua tibia!

¡No más pañitos de agua tibia!
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¡No más pañitos de agua tibia!

Esperanza Andrade

El Huila y el sur de Colombia soportan hoy la peor crisis vial de su historia reciente. El mal estado de las carreteras que nos comunican con otras regiones del país, y hasta con Ecuador, además de la restricción vehicular en varios puntos, arrojan consecuencias gravísimas para el desplazamiento, la economía, productividad y competitividad.

Son diferentes los corredores en problemas y casi abandonados por el Estado, desde hace muchos años (Isnos-Paletará-Popayán; La Plata-Totoró-Popayán; y Colombia-La Uribe). Sin embargo, hoy nos preocupa el tramo Gigante-Garzón y el sitio Pericongo, en la carretera Neiva-Pitalito-Santana, promocionada 4G desamparada por el concesionario, por eso en trámite de cesión. Claro, también cuenta el ingreso al municipio de Colombia, donde colapsó el pavimento.

Las cifras recién reveladas por el Consejo Gremial del centro del Huila dan una buena idea de la magnitud de la crisis. Las pérdidas diarias son de millones de pesos. Reclaman con justicia, igual que todas las demás zonas impactadas, un plan integral que permita en el menor tiempo posible transformar el desolador panorama, que para completar está amenazado por un paro de transportadores de carga y pasajeros, con consecuencias y costos que es mejor ni considerar.

He estado atenta y dispuesta a colaborar en la solución, apoyando las gestiones emprendidas, acompañando las protestas y exigiendo la atención y respuestas inmediatas del Gobierno. Acompañé a la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, a visitar los puntos de las emergencias y a la reunión donde se establecieron unos compromisos, que vemos con preocupación se cumplen a cuenta gotas, generando el natural inconformismo y desconfianza de la ciudadanía.

En mi condición de senadora del Partido Conservador, cité a la Ministra a un debate para responder sobre la problemática planteada. No se trata de un juicio de responsabilidades a ella ni a la administración del presidente Duque, sino de evidenciar la grave situación vial y sus consecuencias; establecer y exigir soluciones, y cuándo se darían; y quién o quiénes deben responder.

Reconocemos el esfuerzo de las autoridades nacionales y departamentales, como la rebaja del 50 % en el peaje de Altamira, $1.000 millones para el acueducto de los ‘doblemente colombianos’, pero no nos puede distraer de demandar acciones más contundentes como una emergencia económica, descuento en peaje Los Cauchos y el galón de combustible; créditos para comerciantes y gremios, subsidios para el campo; mejoramiento de vías alternas y la intervención Garzón-La Plata, por donde está circulando el tráfico pesado.

Solidaridad y esperanza con todos los damnificados, a quienes interpretamos: ¡No más pañitos de agua tibia. Exigimos un plan de choque y soluciones de fondo!

 

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