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Cambia a tu país o padécelo

Cambia a tu país o padécelo
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Cambia a tu país o padécelo

Froilán Casas Ortiz

¿Qué país hemos heredado? ¿Qué país le dejaremos a las futuras generaciones? Eso depende de ti y de nadie más que de ti. No espera a que lleguen los marcianos a realizar las trasformaciones que deseas. Este es un país descuadernado y disfuncional. Lo más grave es que “funciona” y, grave cosa, nos hemos acostumbrado a la disfuncionalidad que, ahora hacemos parte de ella. Es como aquél que no ha conocido la libertad, ha vivido siempre como esclavo, sí, satisfaciendo las mínimas necesidades y entonces, le da miedo la libertad. Hablar que la corrupción es un cáncer que está haciendo metástasis, no es nada nuevo, es como afirmar que el agua moja, es una verdad de Perogrullo. Por qué hablas de corrupción si tú eres una persona venal, te vendes al postor que pasa sin ninguna autoestima: vendes tu voto, vendes tu conciencia, vendes tu honra, vendes tu nombre, vendes a tu familia, vendes a tus seres queridos, vendes tu cuerpo. ¿Quién eres tú? Una piltrafa y para el colmo te vanaglorias de todo. ¡Ah, es que los colombianos somos así!, ¡qué horror! Ya no hay vergüenza. Criticas tú el desorden y eres un desordenado de miedo. Te importa un rábano las normas y reglas de convivencia: te pasas el semáforo en rojo, adelantas por la derecha, conduces por la izquierda, entras por la salida y sales por la entrada, vas por las escaleras y tomas el costado izquierdo impidiendo el paso a quienes están detrás de ti; te ponen una vía peatonal y utilizas para caminar la vía vehicular; te construyen un puente peatonal y te pasas la calle serpenteándola para no dejarte pillar por un vehículo y te ríes por haberlo logrado. Vives debiéndole a cada santo una vela y tienes una prodigiosa imaginación creativa para seguir engañando a los demás presentándote como víctima. ¡Qué payaso  eres?, ¿sabes? Y hasta lo haces bien. Eres un degenerado, pero qué te importa esto si en el fondo te gusta. Entonces, ¿para qué vives?, ¿para hacerle mal a los demás? Excúsame, deberías morirte y dejarnos en paz a quienes sabemos respetar a los demás y vivimos un mínimo de normas de convivencia. Tenemos mentalidad de esclavo: esperando la férula y el látigo para actuar. El mejor estímulo para el esclavo es la presencia del verdugo. ¡Qué horror! Tú necesitas al policía para respetar el semáforo, ¿verdad? Igual, estacionas en donde te da la gana, además eres tú ¿y qué? – tú no sabes quién soy yo-. Los europeos entendieron el valor del respeto después de haber padecido la guerra: cincuenta millones de muertos y las secuelas de mutilación, hambre y miseria. Como que la buena vida cansa y la mala amansa. Esos niños criados a toda leche y bajo la protección de las mamás gallina, son malcriados, exigentes y con nada se conforman. País y cultura disfuncionales: se cuida y protege a las mascotas, se les levanta las heces, se les llena de perfume, se les busca “guarderías”, se les compra comida especial. Sí, pero se asesinan a los niños en la vida intrauterina. ¿A dónde llegaremos?

 

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